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GolStadium era la plataforma multideporte de Mediapro. Reunía toda LALIGA HYPERMOTION, el boxeo nacional, la UFC y las grandes citas de Eurosport, del Open de Australia al Tour de Francia, a un precio accesible y con cualquier operador. Llegó la última a un mercado en el que las plataformas se parecían mucho entre sí y competían por la amplitud de su catálogo. Una plataforma nueva necesitaba que la reconocieran por algo más que por lo que emitía. Nuestro trabajo empezó por decidir desde dónde iba a hablar la marca. Construimos GolStadium desde lo que era, con los valores del deporte y del deportista como valores propios, la competitividad, el afán de superación, la atracción del reto, la valentía, el fair play y dar lo mejor de uno mismo. Le dimos el tono de la calle y de la grada, con humor e ingenio, y una regla editorial que atravesó todo lo que vino después, dar siempre el titular que daría un apasionado de su equipo, de su competición o de su derbi.
Sobre esa base creamos el concepto que iba a sostenerlo todo, No hay pasión pequeña. Una idea que abrazaba por igual al aficionado que soñaba con un ascenso y al que esperaba una velada de boxeo, al del tenis y al del ciclismo, y que durante dos temporadas firmó cada pieza de la marca, en cada soporte y en cada canal. El aficionado de la Hypermotion fue el centro de la comunicación. Las altas a la plataforma llegaban sobre todo por esa competición, que veintiséis operadores ofrecían con la misma señal, y en ese escenario la diferencia tenía que estar en a quién se hablaba. Escribimos siete spots dedicados a ese aficionado, cada uno apoyado en una verdad con dato real y locutado como si lo contara uno de ellos. En «Vínculos», el tifo de Málaga que decía «De padres a hijos» y el himno del Oviedo, «Desde el día que mi padre me llevó al Carlos Tartiere», sostenían la idea de que a un equipo de la Hypermotion se pertenecía desde la cuna. Dos líneas gráficas y una serie de cuñas completaron una campaña que reivindicaba la Hypermotion como la Primera División del fútbol real. Esa manera de hablarle a cada afición estuvo presente desde el lanzamiento. Diseñamos Brand Days en cabeceras regionales, cada uno con su juego completo de formatos y un titular distinto para cada afición en cada jornada. Cuando el Zaragoza visitaba al tercer clasificado, su diario amanecía con «Ellos son terceros. Y nosotros el Zaragoza». Creamos piezas para las redes sociales de cada club, menciones de radio escritas afición por afición, el patrocinio de cada gol en el marcador de Radio Marca y los textos con los que los presentadores anunciaban GolStadium dentro de sus propios programas. Propusimos además activaciones para llevar el concepto a la grada, del cántico propio para una afición al autobús del ascenso.
El boxeo tuvo su propia línea de trabajo. Cada gran velada se convertía en una campaña, con presencia en la prensa deportiva, el entorno digital, las pantallas de gimnasios y la cadena GOL PLAY, y antes de cada combate rodábamos con los boxeadores para construir una serie de entre siete y diez piezas. Para la defensa del título europeo de Samuel Molina en Málaga pasamos un día con él entre su gimnasio, las calles de su barrio y una cafetería. Grabamos la entrevista, los testimonios de su entrenador y de otros boxeadores de su club y las frases de cuenta atrás que él mismo dirigía a la afición para cada uno de los días previos al combate. Un mes después, para la Noche de Revancha entre Jokin García y Brian Peláez, montamos la serie con las imágenes de su primer enfrentamiento, convertidas en pequeños relatos que anticipaban el segundo. Dos noches de una temporada en la que cada velada tuvo su propia historia. En paralelo construimos el sistema de contenidos de la marca, con tres pilares, el equipo, la plataforma y la pasión del aficionado, y cinco territorios, humor, curiosidades, bienestar, superación y actualidad, que llevaron la actualidad del 90% al 60% del contenido para abrir espacio a la historia y a la emoción. Cada semana generábamos más de quince piezas para redes a partir del programa semanal que la plataforma dedicaba a la Segunda División y diez a partir de Todo el mundo tiene un plan, su programa semanal de boxeo. Dirigimos a creadores e influencers contratados por Mediapro, como Tapy, Sara Nogark o Elefútbol, con un Social Playbook que les trasladaba el tono y los mensajes de la marca, y validamos sus piezas.
La pieza central del trabajo fue una serie de treinta contenidos con Alberte Montes y Héctor Ruiz, las voces del programa. Héctor protagonizaba Historias de la Hypermotion y Alberte, Grandes Duelos, dos formatos que convertían el concepto en relato. Cada pieza nacía de una investigación sobre los himnos, los fondos, las celebraciones en plazas y fuentes, los jugadores que dedicaron su vida a un solo club o los equipos que marcaron una época. Seleccionamos y validamos cada historia para que construyera el mensaje de marca, escribimos los guiones con sus referencias de plano y sus portadas para redes, y los produjimos con los medios de Mediapro. La Gradona de los Malditos mostraba el método. Contaba cómo unos jóvenes aficionados del Racing recibieron en 1925 su nombre de unos versos del Tenorio y fueron los primeros de España en animar con cánticos y coreografías. Minuto y medio de historia que decía lo que la marca quería decir, que cada afición guarda una historia a la altura de cualquier otra.
Durante dos temporadas, el mismo equipo planteó la estrategia de GolStadium, creó su concepto y produjo cada una de sus piezas, del titular de un diario regional a los spots de televisión, de las menciones de radio a las series con las voces del programa. Una marca que llegó la última a su mercado terminó con una voz propia, reconocible en cada formato y en cada canal, y fiel al criterio del primer día, el titular que daría un apasionado.
Cada afición encontró en GolStadium su titular, su historia y su pieza, desde la ilusión de un ascenso hasta los cánticos que una grada de Santander estrenó en España hace un siglo. Eso es No hay pasión pequeña.
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